martes, 2 de agosto de 2022

Un pequeño gran laboratorio

(AZprensa) Sólo habían pasado seis meses desde mi incorporación a Bristol Myers y estaba muy a gusto en esa compañía, pero la posibilidad de volver a trabajar con Carlo de Franceschi (así se llamaba), con quien había gozado en el pasado de confianza y libertad para desarrollar mi trabajo y todas mis iniciativas, hizo que la balanza se inclinara a su favor.
 
Fue así como me incorporé a este laboratorio, menos importante que los anteriores pero con muy buenos productos. Sideta era el acrónimo de Sociedad Ibérica de Estudios Terapéuticos Aplicados y pertenecía un importante grupo multinacional francés, Pechiney-Ugine Kuhlmann. Trabajé allí durante otros seis años y justo en aquello que tanto me gustaba: buscar información médica e información del mercado, elaborar en base a la misma el texto de todo el material publicitario, trasladar a los creativos de las Agencias de Publicidad mis ideas para que las plasmaran en atractivos folletos y anuncios, y formar después a la red de Visitadores Médicos para que valiéndose de los instrumentos que les daba consiguiesen persuadir a los médicos para que prescribiesen nuestros medicamentos.
 
Como podemos ver, estuve más de 12 años dedicado a la Publicidad pero a una publicidad muy selectiva: la publicidad médica. En el campo de los laboratorios farmacéuticos todo se reduce a la creación de folletos, monografías, anuncios en revistas médicas, campañas de publicidad por correo, algún expositor para farmacias o algunos carteles para adornar la presencia en congresos. Ese mundo se me estaba quedando pequeño.
 


“La Biblia de Falcon Crest”: 

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