miércoles, 6 de junio de 2018

El primer fantasma que aparece documentado en la Historia


(AZprensa) Creamos o no en fantasmas, a todos nos resulta muy familiar esa imagen de un ser espectral que arrastra cadenas y nos da un susto por la noche, pero ¿de dónde viene esa imagen? ¿Se trata de algo real o inventado? ¿Por qué se ha venido transmitiendo así de generación en generación a lo largo de los tiempos?

Pues para conocer sus orígenes hay que remontarse algo más de 2.000 años ya que fue en esa época cuando se transmitió y así quedo documentada en los escritos la primera aparición de un fantasma. El testigo no fue uno cualquiera, no fue ninguna persona inculta y fácil de engañar o de sugestionarse, sino una de las mentes más lúcidas de la época, el filósofo Atenodoro de Tarso (74 a.C – 7 d.C) nacido en la ciudad de Tarso, en lo que hoy es la moderna Turquía.

Atenodoro se desplazó a Atenas para pasar allí una temporada y a tal fin buscó una casa de alquiler para alojarse mientras permaneciera en dicha ciudad. De entre las distintas ofertas le sorprendió una de magnífico aspecto y cuyo precio era sin embargo muy bajo. Indagando por la razón de tan bajo precio, oyó decir que en aquella casa pasaban cosas raras: ruidos extraños, apariciones, etc. Pero Atenodoro no creía en supercherías sino en la lógica y la razón, así que eligió aquella casa como residencia.

Al poco de estar instalado en la misma, se encontraba una noche, a altas horas de la madrugada, escribiendo un libro, cuando de repente percibió cerca de él la presencia de un ser espectral que llevaba grilletes en las manos y arrastraba unas pesadas cadenas en los pies. La sorpresa fue mayúscula, pero antes que pudiera proferir ningún grito o salir corriendo, miró fijamente a ese ser distinguiendo en el mismo las facciones de un anciano con barba y largos ropajes. El ser le hizo una señal indicando que le siguiera y a pesar de la fuerte impresión que le produjo aquella aparición, su curiosidad pudo más y decidió seguirle. El espectro, al comprobar que Atenodoro le seguía, se dirigió hasta uno de los patios de la mansión y al llegar a un punto concreto del mismo se desvaneció. Pasados unos instantes y serenados los ánimos, Atenodoro marcó el lugar exacto en donde el fantasma había desaparecido y al día siguiente fue a contar lo sucedido a fin de obtener los permisos necesarios de los magistrados de la ciudad para que le permitiesen excavar en el lugar señalado. Al llegar a la casa ordenó a sus criados que cavaran en dicho lugar y cuál no sería la sorpresa de todos los allí presentes cuando quedó al descubierto un esqueleto que portaba grilletes en las manos y cadenas en los pies. Atenodoro pidió que se concediese a ese ser una sepultura más digna y así lo trasladaron a otro lugar en donde lo enterraron según la costumbre de la época. Desde entonces, nunca más volvió a aparecer en dicha mansión ningún fantasma ni a suceder ningún otro acontecimiento extraño.

Esta historia la conocemos gracias Cayo Plinio Cecilio Segundo (61 a.C – 112 d.C), conocido como Plinio el Joven, un abogado, escritor y científico de la antigua Roma a quien el propio Atenodoro se lo contó. Tenemos así, el primer caso documentado, y proveniente de fuentes fiables, de la aparición de un fantasma, con los característicos ropajes y las tradicionales cadenas que desde entonces se han asociado siempre a los mismos.

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