jueves, 21 de febrero de 2019

Un poco de esperanza ante el cáncer infantil


(AZprensa) El pediatra Alvaro González de Aledo y uno de sus pacientes, Javier Brizuela, que tuvo leucemia desde los 8 años, han presentado en el Colegio de Médicos de Cantabria el libro “Dibucartas al grumetillo”.

Desde hace 15 años Alvaro organiza en Santander la actividad de vela solidaria Carpe Diem en la que un grupo de médicos, enfermeras y capitanes enseñan a disfrutar del mar y del deporte de la vela a los niños del Servicio de Hematología y Oncología de Valdecilla, a los que familiarmente llaman los grumetillos. Durante los ingresos de Javier, Álvaro le escribía “dibucartas” en las que las letras empiezan a girarse o cambiar de tamaño para ir construyendo un dibujo.

Desde las primeras dibucartas surgió la idea de agruparlas en dos ejércitos. Uno sería el de los buenos, que intentaría ayudar a Javier a superar el duro trance en que se encontraba. Les llamaron Los Dibugruminados porque estaría constituido por héroes buenos de los dibujos animados y contaría con la ayuda de todos los grumetillos de vela.

El otro sería el de los malos. Les llamaron Los Desnarizados porque casi todos estarían dibujados sin nariz, sustituida por un signo de interrogación. Se debe a que, en uno de los primeros ingresos, Javier tuvo una reacción alérgica a uno de los medicamentos que se manifestó por una crisis de asma, que le hizo vivir la angustia de encontrarse sin poder respirar. Quisieron que todos los malos pasasen por lo mismo.

En el libro se recoge la historia de esta lucha desigual, inventada y escrita por Javier durante sus ingresos y su estancia en la burbuja, y se reproducen las dibucartas. No es un libro sólo para niños, que son, obviamente, su principal destinatario. También está dirigido a sus padres, porque tendrán que ayudarles a descifrar las dibucartas, y porque tienen que comprender que hasta en los momentos más difíciles es posible tomar distancia y desdramatizar las situaciones.

En el caso del cáncer pediátrico, pensando que a pesar de la crueldad del diagnóstico y de los años de duros tratamientos, la mayoría se curan y tarde o temprano llegará el momento en que todo esto será sólo un mal recuerdo. Y a esa esperanza optimista hay que agarrarse para que no sucumba la pareja y toda la familia en el proceso.

Por último, la publicación también se dirige a los sanitarios, para que comprendan que nuestra labor terapéutica debe ir más allá de aplicar los mejores tratamientos y debe incluir todos los aspectos de la vida del niño, desde su estancia en el hospital, su escolarización y su tiempo libre.

Los beneficios íntegros del libro, de los autores y de la editorial ExLibric, se destinarán a la lucha contra el cáncer pediátrico. 

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