(AZprensa) Según los datos recogidos por la Agencia
Española del Medicamento (Aemps) a fecha 9 de enero 2022, las vacunas COVID-19
han causado 375 muertes, es decir, han sido la causa directa y comprobada de la
muerte de 375 personas en España.
En ese mismo informe se indica que, a fecha 9 de enero de
2022, se han administrado en España 80.109.445 dosis de vacunas, habiéndose
registrado 55.455 efectos adversos, de los cuales 11.048 fueron graves, esto
es, 13,7 efectos secundarios graves por cada 100.000 personas.
Llevando a portada aquí estas cifras, no nos estamos
posicionando en contra de las vacunas, antes al contrario somos partidarios de
las mismas… siempre y cuando los beneficios esperados sean muy superiores a los
riesgos de aparición de efectos secundarios graves. Vamos, esto es lo que
siempre han defendido todos los médicos: que no se prescriba ningún fármaco de forma indiscriminada sino que antes de administrar cualquier
medicamento o vacuna se analice para cada paciente en particular si los beneficios
que le reportará justifican asumir ciertos riesgos, que se explique esto al paciente y que una vez informado sea el paciente quien acepte o no el tratamiento.
Traducido al momento actual, significa que la vacuna (recordemos
que aún está en fase experimental) parece indicada en todos aquellos pacientes
con enfermedades importantes o con su salud muy deteriorada, en los cuales una infección de COVID-19 comprometería
seriamente su salud; y por esa misma razón, en personas sanas no debería
administrarse la vacuna ya que los riesgos de una infección (similares a una
gripe) son inferiores a los riesgos que esas mismas vacunas pueden provocar,
máxime cuando se ha demostrado que las personas vacunadas pueden contraer la
infección igual que las demás y pueden contagiar también a las demás (era falso
ese argumento que nos “vendieron” de que los vacunados no contagiarían, porque
sí que lo hacen igual que los no vacunados).
Analizando algunos de los efectos secundarios graves
registrados, destacan la parestesia (un trastorno de la sensibilidad que puede
darse incluso en todo el cuerpo) y el de más reciente aparición (ligado a las
vacunas de AstraZéneca y Janssen) la mielitis transversa.
Este último, la mielitis transversa, es una inflamación
de la médula espinal y produce dolor, debilidad muscular, parálisis, problemas
sensoriales y disfunción de la vejiga y del intestino, unos efectos que además
pueden permanecer en el tiempo.
Como podemos comprender, nada de esto se ha dicho en
televisión y muy poco en la prensa, ya que los medios de “manipulación” sólo
informan de lo que interesa al Gobierno.
Fuente: 12º Informe de Farmacovigilancia de la Agencia
Española del Medicamento (Aemps) sobre efectos adversos de las vacunas COVID-19
administradas en España hasta el 9 de enero de 2022.
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