domingo, 28 de abril de 2019

Documentos desclasificados: Magistral intervención quirúrgica


(AZprensa) Como hoy es domingo, vamos a dedicar este espacio informativo dedicado a la Ciencia y la Salud a algo tan saludable como es la sonrisa. Para ello vamos a transcribir el texto de la retransmisión en directo que en su día se hizo de la intervención quirúrgica realizada a Toribio, un personaje de la novela “El dulce gorjeo del buitre en celo” (Vicente Fisac, Editorial Bubok).

El original del presente documento, ahora desclasificado gracias a las gestiones de “AZprensa”, se conserva en los archivos videográficos del Hospital Central y, en su día, esta intervención quirúrgica fue retransmitida en directo a numerosos centros sanitarios y facultades de Medicina de todo el país. Este es el texto:

El quirófano es una auténtica fiesta y se palpa una enorme expectación: 50 estudiantes de Medicina, varios pacientes en pijama y zapatillas y un vendedor de bocadillos, observan tras los cristales. En el quirófano, dos camilleros entran rodando a toda velocidad la cama de Toribio que es recibido con una gran exclamación de “¡Oooohhhh!”. Luce pijama verde manzana y gorrito a juego, con goteros astifinos en ambos brazos. Tres doctores, cuatro residentes de último curso de Medicina, tres enfermeras y una anestesista hacen el pasillo de honor al Dr. Wilson quien entra parsimoniosamente colocándose los guantes. Viste de oro y luces (las luces en la frente para que iluminen bien la zona quirúrgica) y gorro de fantasía con dibujos de Bugs Bunny. El anestesista comprueba que la perfusión de propofol (ahora hay que usar propofol genérico porque el auténtico, el Diprivan, tuvieron que dejarlo de fabricar ante la contundente bajada de precios de los genéricos). Aunque el propofol genérico no tiene el punto chic que tenía el Diprivan, surte efecto y el paciente ya está listo para que comience la faena.
El Dr. Wilson realiza una incisión perfecta a la primera con el bisturí eléctrico que apenas deja caer unas gotas de sangre inmediatamente coaguladas. El graderío prorrumpe en aplausos. Los ayudantes abren bien la zona operatoria y el maestro les da una clase magistral: el esófago está dilatado y contiene jugos gástricos a nivel del esófago medio. El estómago contiene aproximadamente de 50 a 60 cc de un material similar a la masa de las pizzas.  El duodeno  está dilatado  y  lleno  de un material semilíquido amarillo verdoso, sin embargo los receptores estomacales se hallan taponados por una sustancia que extrae hábilmente y sin necesidad de analizarla, la mira y exclama: “esto es mortadela”.
Se escuchan nuevos aplausos en el graderío al que se ha ido incorporando más gente hasta alcanzar un lleno total. Junto al vendedor de bocadillos hay otro que grita “¡patatas fritas, caramelos, chicle americanoooo!”. La enfermera Fernández (que ya ha hecho ojitos con el Dr. Wilson) le seca el sudor y se guarda el pañuelo en la entrepierna.
Wilson prosigue la faena, exponiendo a los presentes que el colon (“Cristóbal” para los amigos) también se halla distendido, con un brazo señalando a la zona sigmoide terminal como indicando “la culpa es de esa”. A pesar de la ausencia de cálculos biliares, Wilson calcula por sí mismo que hay unos 10 cc de bilis marrón amarillenta y muestra al graderío los nódulos linfáticos porta hepáticos de Toribio.
Ante la expectación general realiza varios cortes y confecciona con hilo y aguja un cosido primoroso en las zonas que va reparando. Los doctores que le acompañan siguen su ejemplo sacando del bolsillo sus bobinas de hilo y aguja para imitar los movimientos artísticos de Wilson. La enfermera Fernández tiene doloridos los codos de tanto clavárselos en el estómago a todos los que osan acercarse al maestro ya que ella quiere mantener su posición de privilegio en primera fila.
Finalmente, y tras más de dos horas de intervención, con varios bises, el Dr. Wilson se sacude las manos y dice “That’s all folks” que quiere decir: “la intervención ha sido un éxito y es posible que el paciente se salve, aunque de momento está en coma inducido. Gracias a todos y hasta luego Lucas”.
Todos se quedan mirando unos a otros tratando de averiguar quién es Lucas, porque no han comprendido el sentido del humor de Wilson; no obstante, cuando este se retira, todo el graderío se pone en pie, se escuchan olés y vítores y hasta alguna lágrima emocionada resbala por los lagrimales que la enfermera Fernández, instintivamente, se enjuga con el pañuelo del sudor de Wilson que se había  guardado  de  recuerdo… en la entrepierna.

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