(AZprensa) Cuando un terrícola y un covidiano se
encuentran, pongamos por ejemplo, paseando por un parque o por cualquier otro
lugar tranquilo al aire libre, puede producirse una conversación de este tipo: ¡Hola! ¿Qué tal? -Ya ves, por aquí paseando. ¿Y por qué llevas puesta la mascarilla si estamos al aire
libre y no hay gente alrededor? -Hombre, por
precaución, para evitar el contagio. Pero si al aire libre, en espacios como este no hay
virus. ¿No sabes que los virus del COVID-19 no son como el polen? -Ya sí, bueno, pero
hay muchos contagiados y muertos. Pero ¿no has leído y oído las declaraciones de altos
cargos que reconocen que a todo el que muere, si da positivo o simplemente es
sospechoso, lo clasifican como muerto por COVID? -Ya, sí, bueno. ¿Y cuándo piensas quitarte la mascarilla? -Cuando desaparezca
el virus. Entonces nunca, porque este virus se va a quedar con
nosotros para siempre, como el de la gripe. -Ya, sí bueno. Total, que vives aterrorizado y sin embargo a todo lo
demás no tienes miedo. -¿A qué te refieres? A que a pesar de llevar mascarilla te he visto cruzar la
calle por donde no debías, con riesgo de ser atropellado. A que no haces nada
de deporte. A que comes muchas hamburguesas, frituras y bollería industrial. A
que fumas. A que bebes alcohol. ¿Es que todo esto no te da miedo? -Ya, sí, bueno.
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